El Napoleón del Gol

HOMENAJE A:
Orlando “El Trancao” Roldan.
(Q.E.P.D.)

Diario de Cuyo. Lunes 29 de enero de 2001.
Se fue un Grande: Orlando Roldan El Napoleón del Gol.

Dueño de un innato sentido del oportunismo, Orlando Roldán, verdadero estratega del gol, fue artífice de una de las conquistas más gloriosas del futbol Sanjuanino.
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Para el álbum: Un resumen de lo que fue la trayectoria de Orlando Roldan, dándose la mano con su amigo de toda la vida: el gol. Fue en el Parque de Mayo. Lo Sufre San Luis.
Por Daniel A. Navarro. ( para diario de cuyo) “¿Vieron?… ¿Vieron?… ¡Lo hice!”… A eso de las 9 de la noche, apurando el paso , con una sonrisa grandota, enfrento con aire triunfador a la barra de Belgrano y Libertador, hábitat natural que acogía en su seno a los sabiondos y bohemios de la esquina. El “Trancao”, con sus apenas 1.65 de estatura, llego revoleando el puño cerrado. Prolongaba el festejo que horas antes, y de corto, con la granate de un Sportivo de otros tiempos, lo tuvo como principal protagonista de un acontecimiento inédito: ¡Había hecho un gol de cabeza!…
Es que habría que bucear profundo en la trayectoria de Orlando Roldán para encontrar algo semejante. “También… si con lo chiquito que era. Si hasta una vez estuvo a punto de hacer un gol de cabeza, sin arquero, sin nadie, pero estaba tan poco acostumbrado que la mando por arriba del travesaño” memora su hermano Pablo, aquel “Coco” que junto a otro hermano, Julio, formaban la pareja de defensores de Sportivo en la frontera de los ´50 y ´60.
Comenzamos por el descarte. Orlando solo utilizaba la cabeza por el lado de adentro, donde con la misma velocidad que le imprimía a su carrera hacia el área, se adelantaba mentalmente para dibujar antes que sus rivales a donde iba a depositar esa pelota que llevaba pegada a su botín.

Demoledor pique corto. Certero. Intuitivo. Conocedor como pocos de cada pulgada dentro de “las 18” adversaria y el de cómo aprovecharla al máximo, aun cuando los espacio no sobraban y las amenazantes suelas de famosos y mentados patrones del área los achicaban mas todavía.

“Y… fue pura suerte nomas… No puede ser que todos los rebotes le lleguen a el”, era casi recurrente letanía de los hinchas rivales a los que casi tupido Orlando dejaba mordiendo la bronca en el alambrado.

En la esgrima de ese concepto que sonaba a excusa, radicaba el mejor elogio para Roldan, porque su larga cadena de goles se debió, precisamente, a ese innato sentido de la ubicuidad, a un fino olfato, sexto sentido, que le indicaba donde, cuando y como había que esperar la “pifia”, la desatención o el error dela defensa contraria.

No… No se trataba de una cuestión de suerte como un factor excluyente, ni que fuese el típico y poco apreciado “pesquisero”, que nunca aportaba nada mal al equipo y solo esperaba allá adelante, solo, a la “pesquisa”, por si las moscas… Orlando conformaba un concepto mucho mas amplio, generoso y concreto a la hora del balance individual, que siempre le dibujo cifras ganadoras, para el y para el equipo, aunque en su manual no figuraban términos que daban como resultante a jugadores dotados, químicamente puros. En todo caso, el venia a conformar un elemento sustancial dentro de la formula que edificaba goles y con ellos victorias y campeonatos.

Y en su casi 10 años de trayectoria que lo destacaron como un delantero de esos que se fabrican cada vez menos, logro dos títulos oficiales ( 1963 y 1966) y uno a nivel nacional, con aquella inolvidable conquista del Campeonato Argentino Amateur Copa “Adrian Beccar Varela” que San Juan obtuvo en Mar del Plata, en 1964.

Aquel torneo argentino marco el cenit en su carrera.

No solo porque esos campeonatos enfrentaban a la flor y nata del futbol del interior si no porque el “Trancao” paso a la historia como el goleador de la serie final, con seis tantos en 5 partidos. Solamente fue igualado en la marca nada menos que por uno que supo ganarse fama en el futbol argentino: el mendocino Roque Aballay, aquel que admirábamos en el Huracán de Bríndisi y de Babington, como en la selección argentina.
Hace una semana nomas, Orlando Roldan nos dejo para siempre, porque una cruel enfermedad le puso los tapones de punta, arteramente y sin miramientos, como para que “ese no entre mas al área”…

Craso error. Porque los goles de Orlando Roldan seguirán repitiéndose en cada pelota que dibuje un joroba en la red, o en el recuerdo de quienes tuvimos la suerte de verlo con su velocidad fantasmal, preludio de sus milimétricas definiciones. En definitiva, en el corazón de quienes lo conocimos como un buen tipo, humilde y sencillo, en quien costaba imaginar que esos diminutos 1,65 de altura encerraban a un voraz y temido delantero que enronqueció miles de gargantas y fue artífice de un fervor popular como no se ha vuelto a repetir. Un tipo así no se merecía irse en silencio…

UN APODO FAMOSO…

Fue puro rebote nomas. Aquel mote de “Trancao” le vino de su hermano Tito, quien tenía dificultades al respirar. “Respiraba como “trancado”. Un día lo vieron a Orlando junto a Tito, y le traspasaron el apodo, que le quedo para siempre.
El “Trancao” fue un profesional con espíritu amateur. De la misma forma que acordaba sus contratos sin concesiones, lo vieron andar por la calle, tarrito en mano, con los muchachos de la barra, para juntar moneditas y fundar el club Juvenil Belgrano, o prenderse en las duras topadas barriales defendiendo al Deportivo Puyuta, que como el Triangulo Rojo, fue crisol de otros tantos cracks.
A roldan le llego tarde la hora de la consagración, casi al borde de los 30. Luego de dos pasos intrascendentes en Del Bono y
Atlético de la Juventud, exploto en el viejo Sportivo Desamparados – Huracán (producto de la fusión con el club angaquero). Y de allí a la selección sanjuanina, en la que el técnico Méndez de Socio le supo sacar el máximo provecho a sus virtudes. 

En la Serie Final del torneo argentino de Mar del Plata, en 1964, fue el máximo artillero con 6 goles en 5 partidos: Dos a

Tucumán, Dos a Mar del Plata (uno en cada partido), uno a Mendoza y el decisivo que le dio el titulo a San Juan, ante Salta.